Los niños de hoy en día
usan la electrónica de forma intuitiva. Para ellos es algo que siempre ha
estado con ellos, tan natural como comer, para los jóvenes usar la
tecnología es algo normal, pero no saben usarla de forma académica para aprender mejor o más
fácil, tampoco saben usarlo como herramienta de trabajo, lo usan como
herramienta social".
Esta problemática se
extiende también al profesorado y esto hace el cambio más lento. "Es
paradójico que los profesores que se incorporan al mundo laboral no hayan
aprendido a manejar con productividad estas técnicas y tecnologías es un freno para la evolución de la educación, así que los
profesores tienen o tenemos que “reciclarse/reciclarnos” continuamente para que la tecnología sea útil.
El aula del futuro debe
ser abierta, orientada al aprendizaje en proyectos y adaptada a inteligencias
múltiples, es decir, personalizada. Además, el profesor al frente de esa clase debe ser un facilitador de
contenidos, pero nunca debe explicar una lección desde el escritorio como
se venía haciendo desde hace décadas porque aburriría al alumno.
La educación estará vinculada al Internet de las Cosas y todo
estará conectado para recoger datos y aplicarlos a la metodología de estudio de
cada alumno. Además, podrá existir tecnología que hoy en día ni podemos
imaginar, la pizarra podría ser sustituida por paredes interactivas, o ¿quién
sabe? quizá los alumnos del futuro se integren con realidad virtual en
las historias que están aprendiendo.

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